Alba

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Eran increibles los amaneceres en este lado del planeta. El primero de sus soles bañaba de un limpio rosado todas las amapolas de la bahia. El segundo de ellos, de un color negro-dorado, completaba la escena, convirtiendo a la bahia en un desfile de brillos y colores que dejaba al despistado turista, completamente perplejo.

Solo un dia del año esta escena perdia su belleza. Era el ultimo dia del primer solsticio, cuando las sombras de los altos cipreses llegaban a ser mas largas que las de los habitantes, el momento en que todos debian callar. Ese dia (y solo ese dia) el segundo de los soles salia antes que el primero. Legiones de cientificos han fallado al intentar descubrir por que razón, el orden en que salian los soles afectaba tanto a la ciudad. La bahia, contrario al resto del año, quedaba teñida de una luz completamente gris. Las hermosas flores parecian hierba mala. Los machos mas fornidos de la ciudad, quedaban convertidos ante esa luz, en insulsos alfeñiques, dignos de todas las burlas. Las adoradas y hermosas mujeres, evitaban los espejos ya que la realidad ante ellos era insostenible.

Al alba, cada uno de los habitantes del lugar, decia la ultima palabra del dia y cerraba sus ojos (cubriendolos incluso con una venda para no tentarse a abrirlos...)

En unos de esos dias, en que nadie podia hablar, decidio llegar al mundo una niña. El parto fue increiblemente doloroso. Nadie en la ciudad podia asistirla (todos tenian sus ojos cubiertos). Casi nadie. Solo una mujer, una de las mas viejas habitantes, se acercó a ayudar a la infortunada madre. Esta mujer estaba completamente ciega hacia muchos años ya, por lo que podia ayudar a la futura madre, sin necesitar sus ojos.

Durante los primeros minutos de la duodecima hora, comenzó la labor de parto de esta pobre mujer. Y doce horas más duró. Doce horas menos un minuto. La niña llego al mundo al momento en que los soles caían. El momento en que la luz volvia a su hermosa normalidad.

Nació esa niña (Alba era su nombre) con los ojos completamente blancos. Hermosos y gigantes ojos blancos. Y pasó casi todos los dias de su primer año llevando una vida perfectamente normal.

Y finalmente llegó ese dia, como todos los años. El dia de la oscuridad. El primer cumpleaños de Alba. Alba lloraba desconsoladamente en su cuna, y no dejaba que nadie cubriera sus ojos. Su madre cada vez mas asustada, segundos antes del amanecer, la tomo entre sus brazos y cubrio su pequeña cara contra su pecho. El segundo sol parecia y el negro-dorado anticipaba 24 horas de gris luminosidad. Fue en ese momento que un extraño e intenso calor comenzó a quemar el pecho de la aterrada madre. Y fue tanto el calor, que la mujer debio soltar a la pequeña, quien apenas gateando se acerco hacia la ventana. La mujer, desesperada por su hija, se quitó sus vendajes y fue a buscarla. Fue en ese momento, al mirar a su hija, en que descubrio que era tan hermosa como siempre, incluso más. Al incorporarse, vio su reflejo en el temido espejo y descubrio que ella también se veia aun más bella, más joven. Se
acercó a la ventana y pudo contemplar un paisaje que nunca habia visto, extremadamente mas bello que el de todos los dias. Uno que ningun habitante de la ciudad habia visto jamas, o quiza en muchisimo tiempo.

Es entonces, desde ese día, que en todos los cumpleaños de Alba, ella y su madre se ponen religiosamente sus vendajes, solo para quitárselos unos minutos después y disfrutar ese hermoso dia, el mejor de los dias del año. Pero claro, deben hacerlo con mucho cuidado y en total silencio... No vaya a ser que alguien las descubra y pierdan el mas íntimo de sus regalos...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustó mucho el relato. Felicitaciones!
Mariana.

Anónimo dijo...

Hermoso Relato,me lo mandaste via mail y me encanto..
Te adoro.

foton dijo...

Impecable.Te seguire leyendo.

Anónimo dijo...

simplemente bello